INTRODUCCIÓN POR EL HERMANO PABLO

Hace algunos años visitaba la ciudad de Guaymas, México. Fui entrevistado por un reportero de una emisora de la ciudad, y entre pregunta y pregunta, me dice él: "¿Hermano Pablo, no lo entristece el hecho de que hay tantos Católicos en Latino América y tan pocos protestantes?" La pregunta me extrañó, y le respondí: "No, en lo absoluto. Pero sí hay algo que me entristece." "¿Y qué es?" Preguntó él. "Que hay tantas personas que todavía están buscando paz, tranquilidad y seguridad en este mundo y hay tan pocos que lo han hallado." Inclusive le pregunte al reportero: "¿Usted en cual de los grupos está?" Él sólo me respondió: "Yo soy el de las preguntas."
       
Lo que más mi interesó de que su inquietud sobre catolicismo y protestantismo era cómo la pregunta en sí revela la confusión que existe en las mentes de muchas personas. Me refiero a la confusión en cuanto a dónde y cómo se establece una relación con Dios.  El concepto general es que se ha de encontrar a Dios a través de alguna religión. Y, obviamente, el éxito en la búsqueda de Dios, conforme a esta inquietud, depende de la religión a la cual uno pertenece.
       
Traigo esto a cuentas porque el autor, Martín Mejía, ha dado con una fórmula muy extraordinaria en su presentación del libro: Volver a Empezar. El no ve el asunto de la búsqueda de paz y tranquilidad como algo que se alcanza por medio de alguna religión, sino que nos presenta el plan de salvación eterna a través de eventos de los siete días de la creación.
       
El Reverendo Mejía nos lleva en una excursión espiritual desde el primer día de la creación hasta el último. En ella nos revela cómo el hombre encuentra su paz con Dios, y a través de toda esa interesante trayectoria, llamada "creación" ni una tan sola vez hace referencia a que se encuentra a Dios por medio de tal o cual religión. Mas bien son los problemas de la vida, las luchas, las nubes, los terrores, los que nos hacen buscar a Dios y los que tarde o temprano nos permiten encontrarle.
 Desde Génesis capítulo uno, donde dice: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía," hasta el último día de la creación, el autor revela cómo Dios, a través de nuestras luchas, nos establece la pauta de cómo encontrar a Dios.
       
Sobre esto el autor Mejía añade: "Por la sombra de una nube tu no deberías perder de vista que hay un sol en el firmamento que es eterno en comparación con esa nube, por lo que, tampoco, debes de perder de vista que el Espíritu Santo se está moviendo sobre las aguas turbulentas aún cuando esas aguas sean la barrera impenetrable que te cautiva en tus desiertos y a la vez te separa de la tierra en la que has fijado tus ojos con promesas." Luego añade: "Sueña en un nuevo Génesis, en un nuevo comienzo, en un nuevo principio de esperanza. Sueña porque el Espíritu Santo te está llevando por un camino que nunca antes has recorrido para sacarte del vacío, desorden y tinieblas que han marcado tus días, y para darte una nueva oportunidad de volver a empezar".
     
De esta manera el autor, usando los eventos de los seis días de la creación, nos hace saber que hay esperanza de una vida mejor, de una situación más apacible, de una existencia más segura. Nos hace saber que Dios desea, más de lo que nosotros podemos imaginar, darnos paz, seguridad y, más que todo, vida eterna.
    
Mientras repasa los capítulos de este libro sepa que Dios está a su lado, y usted puede, con una oración que brota de su corazón, decirle: "Señor, abre tus brazos y recíbeme como un hijo tuyo, y yo te abro mi corazón y te recibo como mi poderoso, amante y eterno Salvador."



 


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